En abril de 1970 se publicaba por
su autor el Fascículo XXXII continuando con el inmejorable estudio de los
"Hombres, Lugares y Cosas de La Mancha", referido a su pueblo
Alcázar de San Juan y su comarca.
Entre otros apuntes,
relacionados acertadamente con las costumbres, los hechos y
vivencias en determinadas épocas, el Sr. Mazuecos, presenta su reflexión sobre la época cervantina, haciendo una acertada
síntesis, del profundo conocimiento y relación con La Mancha y
sus costumbres, del autor del Quijote.
La época
Cervantina
ALCÁZAR Y SU
SANTA MARÍA
También nuestra Villa encontró su nave
provisora para surcar el mar de la vida y precisamente con el
nombre de la carabela capitana de la expedición colombina, por
entonces efervescente, aunque su resonancia y sus consecuencias
, únicas, no se extinguirán jamás.
Santa María y su buen Cura Pinilla, que
no en balde tiene figura abacial además de serlo, guardan y nos
ofrecen los recuerdos de nuestra vida anterior para meditar en
ellos .
En las postrimerías del reinado de Felipe II,
que señala la cumbre de la prosperidad política española,
manifiesta también el brillo alcanzado por nuestro arte y
nuestras letras en tan dorada época, es cuando Santa María
empieza a consignar en sus libros detalles de su feligresía.
A tan bella edad, apenas pasada cuando se
publicó la obra pero en el sentir remota, aludía sin duda Don
Quijote en el discurso que, sentado en el dornajo con el
estómago satisfecho y un puñado de bellotas en la mano tomado de
la zalea, les echó a los cabreros dejándolos embobados:
"Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos
pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en
nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzara en aquella
venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en
ellos vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío" ,
yunque en el que golpean los intereses contrapuestos desde la
mas remota antigüedad y que mantienen candente la discusión
sobre la patria verdadera de Cervantes.
No pretendemos echar leña al fuego ni exhibir
documentos probatorios ya conocidos, pero tampoco podemos pasar
en silencio por el archivo parroquial donde el acta de Don
Miguel es el primer tropiezo. Apartando lo tuyo y lo mío, la
ficción y la verdad, nos queda la realidad innegable, la de que
Don Quijote es nuestro, es de la Mancha y que todos los
materiales humanos acumulados en la mente de su autor para crear
el personaje, son manchegos genuinos.
En el primer libro de Santa María es en el
que figuran las inscripciones de la familia Cervantes, empezando
por Don Miguel que llegó a poco de comenzarse el protocolo.
Desde entonces y seguro que mucho antes de instaurarse los
archivos, no se ha interrumpido la vigencia de tan glorioso
apellido en los lares alcazareños y en algunas épocas, Cervantes
y Saavedras, han sido de los mas numerosos y alcurniados. No
está al alcance de mi competencia y posibilidades dilucidar
definitivamente la legitimidad de la cuna del autor del Quijote,
pero dejando a un lado los documentos, es evidente que los
factores emotivos y humanos con que se construyó la figura y que
a todos nos hacen vibrar al percibir los latidos de nuestra
tierra, están encarnados en él y reflejados en su obra como bien
conocidos y amados. Pudo y de sentirlo lo hubiera hecho, situar
las escenas quijotescas en la Alcarria, pero no lo hizo porque
aún siendo todo el solar hispano tierra de quijotes, es en la
Mancha donde el espíritu hidalgo campa por sus respetos y se sueña y se
ayuna de modo habitual y el escritor habla de ello con la
soltura y la fluidez de lo que le corre por la sangre,
pataleando la tierra sin titubeos e intuyendo el sentir de sus
moradores a cien leguas como cosa suya propia.
En los años inmediatos -1580 y siguientes -
hace todos los bautizos el párroco Don Pedro Díaz de Montemayor,
dejando una anotación tan sumamente escueta que apenas si
figuran los nombres del bautizado y los de los padres y
padrinos. Únicamente en los que se aprecia no ser de aquí, suele
señalar su naturaleza y muchas veces los oficios o motes como si
fueran apellidos para distinguirlos.
Como hemos vivido la época de los mayores
extremismos en los nombres de los recién nacidos de los tiempos
del progreso y de divulgarse las historias incluso con las hojas
de los almanaques de taco y los nombre de las figuras egregias
de la Humanidad, es de interés señalar los que se ponían en la
pila bautismal a los alcazareños del siglo XVI, como lo es la
raigambre de los apellidos.
Los nombres sencillos y claros de Catalina,
Juana, Quiteria o María, aparecen desde el principio y los
apellidos López, Álvarez y García, que no son otros Garcías,
sino los mismos que han llegado hasta nosotros. . .
Continúa el Sr. Mazuecos con una exposición
detallada de registros parroquiales de bautizos y bodas,
exponiendo algunos donde se pueden ver los nombres y apellidos
de la época y comprobar como la mayoría han llegado hasta
nuestros día, como nos dice.
El 22 de febrero y después de varios días sin
ninguna inscripción, Don Pedro bautizó una niña de Marcos
Castellanos y su mujer Catalina Galán, poniéndole de nombre Ana,
por lo que se ve que Galanes y Castellanos venía desde el
origen.
El 29 de abril se bautizó una niña con el
nombre de Francisca, hija de Francisco Hidalgo y de su mujer
Aldonza, es decir, el nombre de Dulcinea, detalle que permite
confirmar la hipótesis de Marañón que se considera en otro
trabajo (en éste mismo fascículo) acerca de que los nombres
dados por Cervantes a sus personajes, eran tomados de la
realidad y no mera fantasía.
Y no es ésta la única vez que aparece en
Alcázar tan rústico nombre, ya se verá. Uno de los acompañantes
se llamaba Pedro Díaz Maroto, apellido digno de recuerdo en la
Villa, como lo es Cencerrado, Ramos, Mazuecos, Gómez-Comino,
Moreno y otros que aparecen en febrero de 1585.
El 9 de noviembre fue madrina o comadre de un
niño, Catalina Díaz, la Quirosa en donde se ve que ya entonces
resplandecía nuestro modo de hablar que iremos cotejando en
otros casos. Ahora aparecen los apellidos Delgado, Cárdenas,
Ortega, Abengozar y uno muy interesante por lo que se vio
después con nombre de calle, GRAJO, Baticola, Ángel
Hortelano, motes seguro, como Fernández el Botero. Aparecen
mucho los nombres de pueblos como diferenciadores, según
sigue pasando, de Camuñas, de Madridejos, de Quero, etc. . .
No era raro encontrar los calificativos de
cristianos nuevos y viejos. El primero de diciembre de 1585
aparecen los padres de una niña, Catalina, hija de Gabriel de
Haro y de María Calderón, Cristianos nuevos, apadrinada por
Antonio de Briones y Catalina de Oviedo. . .
El 16 de abril de 1589 un hijo de Sebastián
Lorenzo y de su mujer Francisca Martínez. Fue compadre Cristóbal
Cervantes y comadre su mujer Bernabela de Rojas. . .
7-4-1591. . .Fueron padrinos Fernán López el
Zarco y su mujer Aldonza Gómez. Se repite el nombre de Dulcinea.
. .
1º de mayo de 1591, fueron padrinos Pedro
Collado y María de Saavedra, su mujer. . .
6-4-1598. Se bautizó a Sebastián, hijo de
Alberto Martínez Falcón y de su mujer Isabel Ramírez. Fueron
compadres en el ablución y en el exorcismo Cristóbal de
Cervantes y su mujer Manuela de Rojas. . .
20-7-1598. Un hijo de Lorenzo Quejada,
cristiano nuevo y de su mujer Inés Ramírez. . .
8-8-1598. Vuelve a actuar de padrino
Cristóbal Cervantes y su mujer Bernabela de Rojas,
apadrinamiento que se repite varias veces, la primera el día 5
de diciembre del año siguiente, 1599 y otra vez el día 27 del
mismo mes y año. . .
Es de resaltar en lo
que expone el Sr. Mazuecos, varios aspectos relacionados con el
matrimonio de Cristóbal Cervantes y Bernabela de Rojas, por una
parte que en el bautizo del 6-4-1598 la mujer figura Manuela de
Rojas pero se entiende que es el mismo matrimonio y por otra el
entronque de un Cervantes y una Rojas lo que nos lleva a las
investigaciones de D. Ángel Ligero que sitúa en Alcázar de San
Juan familiares muy allegados al Cardenal Arzobispo de Toledo D.
Bernardo Sandoval y Rojas así como las relaciones directas entre
éste y Alcázar, además, demostrado está el apoyo y
protección que el Cardenal dio a Cervantes.
Continúa el Sr.
Mazuecos . . .
El número de bautismos anuales solían ser de
60, 70, 80, pero lo principal son los nombres que se relacionan,
acreditativos de la raigambre de nuestros apellidos y los giros
lingüísticos reveladores de nuestras maneras tradicionales, que
nos permiten acercarnos al pasado con el ánimo dispuesto a
conocer su desarrollo y comprenderlo.