En abril de 1970 se publicaba por
su autor el Fascículo XXXII continuando con el inmejorable estudio de los
"Hombres, Lugares y Cosas de La Mancha", referido a su pueblo
Alcázar de San Juan y su comarca.
Entre otros apuntes,
relacionados acertadamente con las costumbres, los hechos y
vivencias en determinadas épocas, el Sr. Mazuecos, en éste mismo
fascículo XXXII en otro artículo, por una parte lamentaba, como
en Alcázar se había perdido una gran parte de su patrimonio
arquitectónico sin que nadie le pusiera coto, y ahora bien que
nos lamentamos cuando algo se quiere hacer para remediarlo,
dándonos cuenta de las dificultades y que resulta casi
imposible.
Por otra parte, en éste mismo artículo
incorpora las conclusiones de un trabajo llevado a cabo por Don
Gregorio Marañón, donde expone que muchos de los personajes del
Quijote incorporados por Cervantes, eran personas reales que el
conoció y vinculadas a La Mancha.
Curiosamente vemos la coincidencia con los
trabajos de investigación de Don Ángel Ligero, donde llegó a
identificar con documentos, prácticamente la mayoría de los
personajes del Quijote y de algunas obras mas de Cervantes
La época
Cervantina
SELECCIÓN Y CASTA
Factores
biológicos ineludibles para mejorar la raza y sus normas
El abolengo, la
nobleza, la alcurnia, no son conceptos vacíos, aunque a veces
hayan encarnado en personas de poca valía, porque eso es
inevitable en el rodar de la vida que acaba siempre en
imbecilidad.
Tampoco lo es la
existencia de la casa señorial, cuya sola presencia prestigia a
un pueblo e irradia respetabilidad sobre el caserío que la
alberga. Una mansión sólida, cargada de historia y de nombres
que evocan heroísmo, distinción o cualquier otra cualidad
selectiva, es honor que se contagia y hace mas mirados y
estimables a cuantos viven a su alrededor. La casa solariega,
que albergó al hombre que se singularizó creando algo
fundamental, quedó impregnada en sus sillares de los rasgos de
su orden y mientras está en pie, aún deshabitada y abandonada,
engrandece el ánimo al pasar por ella y es, en su silencio y
solemnidad, ejemplo educativo y muestra patente de grandiosidad.
Alcázar ha tenido
muchas de esas casas llamadas grandes, admirables ejemplos
además, de arquitectura manchega, propias para nuestro clima y
nuestras necesidades, pero se han ido perdiendo poco a poco,
sustituidas por lo gregario e inespecífico, porque la casa
grande necesita tener la grandeza dentro para sostenerse.
Todavía resuenan los
nombres de los que las habitaron y se percibe su boato y
jerarquía por encima de lo vulgar y aunque tarde, es un deber
intentar salvar del olvido lo que pueda ser honor y orgullo de
la Villa y estimación propia de las generaciones venideras.
Don Gregorio
Marañón, maestro de tantas cosas, cuya docencia sigue imperando
en nosotros, tan preocupado y pendiente de las corrientes
subálveas de los sentires humanos, rastreando una vez las
relaciones de su apellido con los Álamos y Marañones de Castilla
y de La Mancha, hizo unas observaciones que conviene puntualizar
aquí por lo que puedan contribuir al esclarecimiento de las
genealogías manchegas. Le interesaba a Don Gregorio su posible
relación con el Hidalgo Manchego Don Alonso Marañón y le
interesaba sobre todo las del Hidalgo de Medina del Campo, Don
Baltasar de Álamos y Barrientos, con Antonio Pérez, el conocido
secretario de Felipe II. Es precioso y por demás sugestivo el
trabajo que Don Gregorio dedica preferentemente al hidalgo
medinense, con una introducción muy instructiva sobre la
autenticidad de los personajes del Quijote y la veracidad de sus
expresiones, rememorando aquellas de Sancho en casa de los
Duques, que dicen. . .
"Convidó un hidalgo
de mi pueblo, muy rico y principal, porque venía de los Álamos
de Medina del Campo, que casó con doña Mencía de Quiñones, que
fue hija de don Alonso Marañón, caballero del hábito de
Santiago, que se ahogó en la Herradura. Por quien hubo aquella
pendencia años ha en nuestro lugar, etc., etc."
Estos personajes no
son de ficción ni siquiera con antifaz, sino verdaderos retratos
y sentidos por la relación que tuvo Cervantes con los Álamos,
que le hizo citarlos en el Quijote como prototipos de buenos
hidalgos de Castilla. Y todavía aduce Don Gregorio en favor
de dicha autenticidad, sobre lo dicho por Sancho de ser Don
Alonso Marañón suegro de Álamos, la sorprendente coincidencia de
que el cronista de Medina Don Gerardo Moraleda, había encontrado
entre los documentos de la parroquia de San Pedro de aquella
ciudad, la inscripción de tres hijos de un Alonso Marañón, en
los años 1575, 1581 y 1583, apareciendo la madre de esas
criaturas como Francisca de la Fuente o Francisca de Cogollos,
apellidos moriscos, disculpando el cambio de nombres por ser
corriente entonces.
Hubo pues un Alonso
Marañón, paisano y contemporáneo de los Álamos de Barrientos,
pero este Marañón era morisco y Don Gregorio no ve fácil que una
de sus hijas se casara con uno de los empingorotados Álamos,
como el Santiaguista que vivía en la Mancha y conoció Sancho.
Pero tampoco sería
imposible, agrega Don Gregorio, porque las moriscas eran muy
bellas y mucho mas animadas y picantes que las cristianas
viejas, por lo que solían apasionar a los hombres de las mejores
familias y no era raro que las aventuras terminaran en boda. Tan
convencido se muestra de ello Don Gregorio, que cree que la
inquietud sexual producida por las moriscas en los hogares
cristianos, fue una y no de las menores causas, que decidieron
la expulsión. Da por segura la relación de los Álamos con la
población morisca y cita la observación de Moraleda de haber
encontrado el acta de bautismo de un morisco amadrinado por una
criada de la casa de Juan de Álamos.
Y yo puedo decir que
en Alcázar pasaba lo mismo con los Marañones y con otros
hidalgos, como se irá viendo si Dios lo quiere, pues los
Aguileras Romeros, Resas Orozco, Nievas Romero, Pérez Marañón,
Marotos, Barchinos Guerreros y otros, están en juego en una gran
parte de los bautizos con uno u otro carácter, y no ya por
intermedio de sus criadas sino personalmente y lo mismo en los
moriscos que en los cristianos nuevos o viejos, y aunque no viva
ya el maestro insigne me llena de satisfacción poder corroborar
su tesis y la del ilustre erudito de Medina del Campo con mis
modestas observaciones.
Concluye Marañón que
no pueden ser casuales tales coincidencias y admite que
Cervantes conoció a los Álamos y a los moriscos amigos suyos,
entre ellos Alonso Marañón, que alguna relación tendría, dice,
con los descendientes de Fernán González cuando Cervantes los
recordaba juntos.
En relación con
estas preocupaciones de Don Gregorio, que son nuestra propia
necesidad histórica, y de los años inmediatamente
posteriores, porque la documentación hallada no permita avanzar
mas de momento, se pueden consignar algunos datos que sirvan
para la reconstrucción de nuestra vida pasada.
Los nombres de
nuestros antepasados, que ya nos van resultando mas o menos
familiares por la lectura, nos permiten incorporar algunos más a
la relación, sacados de los libros de desposorios y de
bautismos, enriqueciendo con ello el acervo familiar hasta que
se puedan ir completando las genealogías y esclareciendo los
fundamentos probables de los hechos históricos. Lo haremos
escuetamente remitiendo al archivo a los que deseen más
detalles.
El 23-11-1580 se
velaron y desposaron Román el de Ballesteros y María, hija de
Panero. Fueron padrinos Francisco de Poyatos y Leonor de
Cervantes. Esta debía ser hermana de Don Miguel....
Continúa el Sr.
Mazuecos con una extensa relación de inscripciones de bodas y
bautizos, donde se ven entroncados Marañones y Saavedras,
Aguileras y Romero. . .